Las causas de la crisis en Francia han sido el fracaso de la política de multiculturalismo y el aumento del gasto en el complejo de industria militar. Lo dijo a BelTA el miembro de la Comisión Permanente de Asuntos Internacionales de la Cámara de Representantes Aleksandr Shpakovski.
Según él, las amplias protestas juveniles en Francia tienen profundas raíces sociales y ponen de manifiesto la crisis del modelo político y económico francés. “Durante muchos años, Francia atrajo a su territorio a inmigrantes procedentes de las antiguas colonias francesas, hoy Estados soberanos, justificándolo, entre otras cosas, por ciertas necesidades de la economía y por la demanda de mano de obra. Para algunos partidos políticos, esto constituía un recurso electoral”, explicó el diputado.
Al mismo tiempo, es evidente que la política de multiculturalismo aplicada por los dirigentes franceses ha fracasado, señaló Aleksandr Shpakovski. Una de las razones, según él, fue la imposibilidad de organizar la adaptación social de los inmigrantes y sus descendientes. “No solo los inmigrantes son incapaces de integrarse en la sociedad francesa. Los descendientes de inmigrantes de segunda e incluso tercera generación, que ya, en esencia, pueden considerarse franceses de origen, se sienten extranjeros. Una gran parte de los jóvenes que se manifiestan son precisamente descendientes de quienes emigraron a Francia desde países de África y Oriente Próximo. Se trata de personas procedentes de pueblos que, a lo largo de siglos, fueron explotados sin piedad por los colonizadores franceses”.
La segunda causa de la crisis en Francia ha sido la considerable diferenciación social, un hecho que hoy en día resulta totalmente evidente, notó el diputado. Y ello a pesar de que Francia es, en gran medida, la cuna de las ideas de igualdad, fraternidad y todo aquello que constituye la base del socialismo.
“El modelo francés actual es profundamente injusto. Esto se aprecia incluso en la organización del sistema educativo: hay colegios de élite, centros de enseñanza secundaria y superior de élite, y hay centros educativos para las personas que se encuentran en los peldaños más bajos de la escalera social. Naturalmente, las condiciones para recibir educación y la organización del proceso educativo difieren sustancialmente entre unos y otros. Y si los alumnos de los institutos y colegios están dispuestos a salir a la calle y, incluso mediante enfrentamientos con las fuerzas del orden, arriesgando sus vidas y su salud, a defender sus derechos, eso significa que las críticas de las masas que protestan son justas”, subrayó el diputado.
Según él, las acciones del Gobierno francés resultan especialmente hipócritas. Está dispuesto a debatir sobre los derechos humanos en cualquier lugar: en Belarús, Rusia u otros países, sin darse cuenta de las flagrantes violaciones de los derechos humanos que se producen en su propio país.
“Miles de causas penales. Miles de detenidos, cientos de heridos, muchos de ellos son menores de edad. Estamos hablando de niños. Es evidente que las fuerzas policiales tienen el monopolio de la violencia. Se lo otorga la ley. No obstante, la violencia policial debe ser selectiva. Debe ser proporcional al grado de peligro público que representa el infractor. Y, a juzgar por la información que nos llega de Francia y por las impresiones visuales de estas protestas, a menudo la fuerza policial no se aplica de forma selectiva ni contra quienes realmente son los instigadores de los disturbios masivos. La fuerza policial se aplica de forma arbitraria. Por eso se agrava la crisis en Francia”, enfatizó el diputado.
Aleksandr Shpakovski se mostró convencido de que no se puede resolver el problema únicamente con métodos violentos: se necesitan soluciones en el ámbito de la política social. Sin embargo, el Estado francés simplemente carece de los medios y de la voluntad política para garantizar a la población un nivel de vida digno, la educación y la igualdad social en términos de ingresos. El dinero se destina a la militarización, al aumento de los gastos militares y al apoyo a la máquina bélica de Ucrania, con el fin de intentar perjudicar a la Federación de Rusia, a la que París considera un adversario geopolítico. Es decir, los fondos se destinan a necesidades militares, y no a fines sociales.
“En esta situación, el complejo de industria militar se está enriqueciendo”, subrayó el diputado, señalando que Francia es uno de los principales países del mundo en cuanto a exportación de armamento: en 2025 ocupó el cuarto puesto en ventas de armas.
En cuanto al aspecto social, Aleksandr Shpakovski añadió que la situación es muy compleja y que estas protestas constituyen una especie de indicador que confirma la gravedad de los problemas arraigados en la sociedad francesa. “Y, en nuestra opinión, estos problemas se agravarán. El movimiento de protesta se está extendiendo. Lamentablemente, tanto los manifestantes como la policía recurren cada vez más a métodos violentos. En este sentido, es evidente que los países que cuentan con un sistema político estable, garantías sociales y un alto nivel de seguridad (por ejemplo, nuestro país) tienen serias ventajas competitivas”, resaltó el diputado.