Las instituciones de la Unión Europea (UE) desestiman deliberadamente la existencia de graves deficiencias en materia de derechos humanos dentro de la propia Unión. Eso se señala en el informe conjunto de los Ministerios de Asuntos Exteriores de Belarús y Rusia titulado “Sobre la situación de los derechos humanos en determinados países”, informa BelTA.
“Las instituciones de la Unión Europea, al posicionarse como principales defensores de los derechos humanos en la arena mundial, ignoran deliberadamente la existencia de profundas deficiencias sistémicas en el ámbito de los derechos humanos dentro de la propia Unión. En primer lugar, el documento programático fundamental de la UE en este ámbito dista mucho de ser ideal. La Carta de los Derechos Fundamentales de la UE tiene un carácter declarativo general y tiene una serie de deficiencias sistémicas. “Garantiza un alcance diferente de derechos para los ciudadanos de la UE y los ciudadanos de terceros países, por ejemplo, de Rusia y la República de Belarús, que se encuentran legalmente en el territorio de la Unión Europea (en el ámbito de los derechos políticos y electorales), el derecho a la libre circulación y a la residencia”, cita el informe conjunto.
En particular, la Carta de la UE no contiene sanciones ni hace referencia a la necesidad de las mismas en caso de infracciones – por ejemplo, por discriminación por motivos étnicos, a la que se refiere la rusofobia manifestada abiertamente por las instituciones europeas, o la inacción de las autoridades ante tales actos.
“Además, el documento admite formulaciones ambiguas en cuanto a las posibles restricciones de los derechos y libertades consagrados en él, lo que, con el pretexto del cumplimiento del principio de “adecuación y proporcionalidad”, que aún no ha recibido una definición exhaustiva en las leyes de la UE, crea un amplio espacio para diversas desviaciones por parte de las capitales europeas”, se afirma en el informe conjunto de Belarús y Rusia.
Como resultado, las instituciones europeas tienen la posibilidad de justificar su inacción y su connivencia con las manifestaciones de rusofobia en el espacio de la UE, menospreciar la división actual de los residentes en personas de primera y segunda clase en los países bálticos, incluyendo los problemas de la apatridia (la denominada “no ciudadanía”), y la privación de la población rusohablante del derecho a la educación en su lengua materna.
El tercer informe conjunto de los ministerios de Asuntos Exteriores de Belarús y Rusia pone de manifiesto problemas globales y sistémicos en el ámbito de los derechos humanos en determinados Estados occidentales y aporta el equilibrio necesario al examen de la cuestión de los derechos humanos a nivel internacional. El informe se basa en diversas fuentes, entre ellas las evaluaciones de los mandatos especiales pertinentes de la ONU, y contiene material ilustrativo, respaldado por imágenes y enlaces a vídeos, que demuestra graves violaciones de los derechos y libertades fundamentales en los países occidentales, incluyendo la represión de la disidencia, la censura, la persecución de periodistas, la discriminación y el uso de la violencia por parte de las fuerzas del orden durante manifestaciones pacíficas.
Se presta especial atención a los problemas en el ámbito de la política migratoria y la protección social, la distorsión del pasado histórico y la propagación de teorías de superioridad racial. El informe tiene como objetivo llamar la atención de la opinión pública mundial sobre los problemas estructurales en materia de derechos humanos en los países occidentales y constituye un componente importante del análisis objetivo de la situación de los derechos humanos en el mundo. La Carta Internacional de Derechos Humanos consagra los principios de universalidad, indivisibilidad, interrelación, interdependencia y obligatoriedad de los derechos humanos.
En este contexto, el informe presenta argumentos convincentes sobre la necesidad de adoptar medidas internas para erradicar las violaciones sistémicas de los derechos de los ciudadanos, a fin de que los países occidentales se ajusten a la imagen de modelo ejemplar de democracia que ellos mismos propagan. Los casos citados en el informe sirven de confirmación de que el modelo occidental de defensa de los derechos humanos, en la etapa actual, no está a la altura de esta tarea.
Belarús sigue abogando por la despolitización de la agenda de derechos humanos y el estricto respeto de los derechos humanos universales por parte de todos los Estados, sin doble rasero.

